23.2.10

Habitualmente da pavor abrir los ojos, porque tal vez encontrás todo completamente diferente a como lo habías imaginado. Y eso, justamente, es lo que nos da miedo: los cambios. A veces cerramos los ojos pensando que los problemas podrían llegar a fugarse. “como si muerto el cartero fueran a desaparecer las cartas fuleras”. Uno pone cara de perro en bote, como si el dolor fuera inexistente. Uno detesta y ama a ese que te hace abrir los ojos.

Abrir los ojos tiene gusto a membrillo con queso: es agridulce. Por un lado pierde la magia, lo lindo. Y por el otro te hace ver lo que realmente está pasando, y te saca del engaño. A veces lo que tenemos para ver es tan desagradable, que nos tapamos los ojos con ambas manos tratando de apartar esa realidad que tanto nos fatiga y abrimos una cajita de cristal. Pero los problemas no desaparecen y el corazón se nos estruja y nos quedamos sin aire, ahogados.

Nos hace daño abrir los ojos, como salir de la oscuridad, que la luz te enceguece. Ojos que ven, corazón que no siente, mejor mirar para otro lado, dicen. Pero para que algo cambie hay que romper la burbuja donde nos cobijamos para no ver lo que realmente sucede, hay que salir de la cajita de cristal. Abrir los ojos y animarse a ver, aunque lo que esté a nuestro alrededor nos estruje el corazón.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

nanuemptyshow